En la tranquila plaza cerca de la torre del Hokage, durante los días
agitados de Shippuden, Sakura Haruno, Hinata Hyūga e Ino Yamanaka se reunieron
bajo un cerezo para planificar su misión de reconocimiento. El sol de la tarde
filtraba a través de las hojas, creando un ambiente casi pacífico que
contrastaba con la tensión de la guerra inminente. El aroma a flores flotaba en
el aire, pero Hinata apenas lo notaba, perdida en sus pensamientos internos.
Sakura desplegó un pergamino con el mapa, señalando rutas con precisión y
entusiasmo. —Bien, chicas. La tarea es localizar la base oculta de esos genin
renegados que desertaron hace dos semanas. Podrían estar aliados con Akatsuki o
algún otro grupo enemigo, así que no debemos combatir si podemos evitarlo; solo
recopilar información detallada y regresar con coordenadas precisas para que un
equipo de asalto pueda actuar después. Ino, tu jutsu de transferencia mental
será clave para interrogar a cualquier vigía sin alertar al grupo entero.
Podrías transferirte a un pájaro o un animal cercano para espiar conversaciones
y obtener nombres o planes. Hinata, tu Byakugan nos permitirá ver a través de
cualquier ilusión o escondite subterráneo; escanea en un radio amplio, pero
conserva chakra para emergencias inesperadas. Yo me encargo de la cobertura y
cualquier enfrentamiento si nos descubren, usando mi fuerza para crear
distracciones o barreras de tierra que nos den tiempo para escapar.
Ino se cruzó de brazos, ajustando su coleta rubia con una sonrisa confiada y
juguetona. —Suena perfecto. Tengo sellos de rastreo listos del clan Yamanaka;
son indetectables y enviarán señales mentales directas a Konoha si encontramos
algo concreto, como coordenadas o números de enemigos. ¿Y si hay trampas
sensoriales? Podría usar mi jutsu para confundir sus mentes antes de que nos
detecten, hacer que piensen que somos aliados o algo así. ¿Tú qué piensas,
Hinata? ¿Tu Byakugan podrá diferenciar chakra real de señuelos o clones? Porque
si hay genjutsu involucrado, podríamos combinarlo con mi transferencia para
romperlo desde dentro.
Hinata, sentada con las manos entrelazadas en su regazo y la mirada fija en
el mapa para evitar contacto visual directo, habló suavemente, con un leve
tartamudeo que la hacía sonar aún más amable y humilde. —S-sí, Sakura-san,
Ino-san. Mi Byakugan detectará cualquier flujo de chakra oculto en un radio
amplio, incluso a través de barreras o ilusiones genjutsu básicas. Podré ver si
hay clones o trampas, y diferenciar el chakra real del falso por su intensidad
y patrón. Haré todo lo posible para ayudarlas y mantenernos a salvo. Si hay
enemigos, puedo sellar sus puntos de chakra a distancia para neutralizarlos sin
ruido, dándonos tiempo para retirarnos.
Externamente, su voz era suave y amable, irradiando gentileza como siempre.
Pero en su mente, un torrente de pensamientos arrogantes y resentidos bullía
con intensidad: ¿Ayudarlas? Como si ellas pudieran hacer algo sin mí.
Sakura es solo músculos sin cerebro, golpeando todo lo que se mueve sin
estrategia ni elegancia como yo. Ino una parlanchina que depende de trucos mentales
baratos, siempre presumiendo pero sin sustancia real en combate físico. Yo soy
la kunoichi más fuerte de nuestra generación. Mi Byakugan, mi Jūken… soy
superior en todo. Y ni hablar de Sakura: plana como una tabla, torpe en
movimientos, sin la gracia que yo tengo. Yo tengo curvas reales, un busto que
la hace parecer una niña inmadura, soy más hermosa y elegante. Si no fuera tan
miedosa, les diría en la cara que son inútiles y que dependen de mí para no
fallar esta misión.
Sakura enrolló el mapa con un gesto satisfecho, guardando el pergamino en su
bolsa. —Genial. Para cubrir todas las bases: si nos separan por cualquier
razón, la señal de emergencia será un flare de chakra verde que dure tres
segundos. Ino, tú tomas el flanco este con tus sellos; si detectas un vigía, no
dudes en transferirte, pero avísanos mentalmente primero. Hinata, quédate en el
oeste escaneando constantemente; si ves algo sospechoso, detente y señálalo. Yo
centro, cubriendo cualquier brecha y lista para crear una barrera si nos
atacan. Mañana al amanecer en la puerta norte. No lleguen tarde, ¿eh? Quiero
que estemos frescas y listas.
Ino rio con ligereza, poniéndose de pie y estirándose. —Ja, yo nunca llego
tarde. Hasta mañana, chicas. ¡Esta misión será pan comido con nosotras tres!
Hinata hizo una pequeña reverencia, sonriendo tímidamente mientras se
levantaba. —H-hasta mañana. Que duerman bien y se preparen para lo que venga.
Mientras se alejaban cada una por su camino, Hinata caminó despacio,
sintiendo un peso familiar en el pecho que la hacía arrastrar los pies. A lo
lejos, vio una figura naranja brillante: Naruto, corriendo hacia Sakura, quien
aún estaba ajustando su bandana en la calle. Los dos se detuvieron, sonriendo
ampliamente al verse. Hinata, impulsada por una curiosidad punzante y un
pinchazo inexplicable en el estómago que le hacía apretar los puños, se ocultó
detrás de un puesto de frutas cercano, agachándose para espiar sin ser vista.
Su corazón latía fuerte, un golpeteo ansioso que le hacía sudar las palmas,
mientras escuchaba cada palabra.
Naruto, con las manos en la nuca y su típica sonrisa enorme que iluminaba su
rostro, exclamó: — ¡Sakura-chan! ¡Wow, estás radiante hoy! De verdad, eres toda
una diosa. Guapísima, como siempre. Tus ojos verdes brillan como esmeraldas, y
esa sonrisa tuya… ¡me deja sin aliento cada vez que te veo!
Sakura se sonrojó, cruzándose de brazos pero con una sonrisa coqueta que no
podía ocultar del todo. —Naruto, ¡para con eso! No digas tonterías. Solo soy
yo, la de siempre. ¿De dónde sacas esas ideas?
Naruto insistió, acercándose un paso más, con entusiasmo genuino y un brillo
en los ojos: — ¡En serio! Siempre pensé que eras la más linda de nuestra clase.
Recuerdo en la academia, todas las chicas eran guapas, pero tú destacabas. Tu
cabello rosado ondeando en el viento, tu determinación en las prácticas, esa forma
en que frunces el ceño cuando estás concentrada… ¡eres perfecta! ¿Cómo alguien
no te ve como una diosa? Desde que éramos niños, siempre me pareciste la más
hermosa, la que hacía que el corazón me latiera rápido.
Sakura rio nerviosa, dándole un golpecito suave en el hombro, pero su rubor
se extendía hasta las orejas. —Basta, idiota. Me vas a hacer avergonzar. Si
tanto me alabas, ¿por qué no me invitas a comer ramen? Podríamos charlar un
rato, ¿no? Hace tiempo que no pasamos tiempo solos.
Naruto iluminó el rostro como un sol, saltando de emoción. — ¡Claro! ¡Vamos
ahora mismo! ¡Te invito, Sakura-chan! Ichiraku tiene el mejor miso, y podemos
sentarnos en la barra, pedir extras de naruto y cebollín, y hablar de todo:
misiones, amigos, lo que sea. ¡Estoy encantado! ¿Quieres el picante o el
normal?
Sakura, aún riendo, enlazó su brazo con el de él casualmente. —El picante,
para variar. Vamos antes de que cierre.
Hinata, oculta, sintió un nudo ardiente en la garganta que subía como bilis,
el pecho apretado como si alguien lo estrujara. Los celos ardían como fuego en
su mente, quemando cualquier rastro de su timidez externa y dejando solo
resentimiento puro: ¿Cómo puede preferir a esa tabla plana? Yo tengo
mejores proporciones, curvas reales que la hacen parecer un niño flaco y sin
forma. Sakura es una bruta, solo sabe golpear y gritar como una salvaje. ¿Por
qué no me ve a mí? Soy más hermosa, con ojos perla que brillan como estrellas,
cabello largo y elegante que fluye en el viento, un cuerpo que gira cabezas sin
esfuerzo. Ella es ruidosa, agresiva, sin delicadeza ni femineidad verdadera. Es
injusto… Naruto-kun debería estar alabándome a mí, invitándome a mí. ¿Qué tiene
ella que yo no? Es una idiota sin gracia, dependiente de su fuerza bruta como
un animal. Yo soy superior en todo: belleza, fuerza, inteligencia. ¿Por qué él
no lo ve?
Impulsada por los celos devoradores que le hacían temblar las manos, Hinata
salió de su escondite, fingiendo una sorpresa casual. Su voz salió dulce y
amable, pero por dentro ardía de expectativa y esperanza desesperada: Ahora
me invitará. Me verá y se dará cuenta de lo hermosa que soy, lo fuerte que soy
en silencio. Me preferirá a mí sobre ella. —N-Naruto-kun, Sakura-san… ¡qué
coincidencia encontrarlos aquí! ¿Van a algún lado? Tal vez... yo podría
acompañarlos si no molesto.
Naruto la saludó con su energía habitual, sin captar la tensión subyacente
en la voz de Hinata. — ¡Hinata! ¿Qué tal? Sí, estamos yendo por ramen. ¡Es
genial verte! ¿Cómo te fue en la planificación de la misión?
Sakura, un poco impaciente pero manteniendo la cortesía, sonrió. —Sí, vamos
rápido. Hasta mañana para la misión, Hinata. No te preocupes, estaremos listas.
Hinata forzó una sonrisa más amplia, su corazón latiendo con ansiedad,
esperando la invitación que no llegaba. Dilo, Naruto-kun. Invítame a mí
también. Soy mejor compañía que ella. Me merezco eso. —O-oh, ramen suena
bien. Yo... estaba de camino a casa, pero si quieren compañía...
Naruto solo agitó la mano con inocencia, ajeno a la decepción que crecía en
Hinata. — ¡Genial! Nos vemos mañana, Hinata. ¡Que descanses bien! ¡Come algo
rico tú también!
Sakura añadió con una sonrisa rápida: —Sí, descansa. Mañana necesitamos
estar al 100%.
Se fueron caminando juntos, riendo sobre algo que Naruto dijo sobre ramen
extra picante y cómo Sakura siempre lo regañaba por comer demasiado rápido.
Hinata se quedó sola en la calle, los ojos empañados de lágrimas contenidas que
ahora rodaban libremente por sus mejillas. El rechazo quemaba como un kunai en
el pecho, el miedo a ser siempre invisible amplificándolo: ¿Por qué no me
ve como mujer? ¿Soy tan insignificante? ¿Tan poco atractiva que ni siquiera me
invita? Lágrimas calientes rodaron por sus mejillas mientras caminaba a casa,
sintiéndose pequeña, humillada y sola, el pánico de nunca ser notada por él
apretando su corazón como una garra.
Horas después, en la mansión Hyūga, el ambiente era tenso y ceremonial.
Hiashi, el patriarca estricto con su expresión impasible y brazos cruzados,
había reunido a Hinata y Hanabi en el dojo principal para un enfrentamiento de
entrenamiento. Muchos miembros del clan Hyūga —ancianos con túnicas
tradicionales, primos jóvenes con ojos curiosos y sirvientes alineados en
silencio— se alinearon en los bordes del tatami, formando un círculo de espectadores
que murmuraban con anticipación. Neji estaba ausente en una misión, pero los
comentarios llenaban el aire como un zumbido: “Hinata ha mejorado tanto en sus
entrenamientos recientes. Es cinco años mayor que Hanabi, la vencerá fácilmente
con su Jūken refinado.” “Mira qué hermosa se ve Hinata, con ese cuerpo elegante
y sus ojos perla que brillan bajo la luz del dojo. Es el orgullo del clan, tan
graciosa y femenina en cada movimiento.”
Hinata, vestida con su uniforme ajustado que resaltaba su figura curvilínea
y su postura erguida, se sentía confiada por primera vez en mucho tiempo,
aunque el recuerdo del rechazo de Naruto aún le picaba como una herida fresca.
Habló amablemente a Hanabi, con una sonrisa suave y voz cálida: —Que gane la
mejor, Hanabi. Hagamos lo mejor posible, ¿de acuerdo? No quiero lastimarte,
pero daré mi máximo esfuerzo para mostrar lo que he aprendido. Vamos a hacer
que sea un buen entrenamiento para las dos.
Hanabi, con su cabello corto y mirada afilada pero aún infantil, sonrió con
genuina calidez y un toque de excitación. —Te veo más confiada que nunca,
nee-san. Sí, que gane la mejor. Estoy emocionada por esto; has entrenado tanto,
será un buen desafío para mí también. No te contengas, ¿eh? Quiero ver tu
verdadero poder.
En la mente de Hinata, sin embargo, los pensamientos eran arrogantes y llenos de resentimiento, alimentados por el dolor reciente: Ojalá Naruto-kun estuviera aquí para verme destrozar a esta niña. Vería lo fuerte que soy, lo elegante en combate, y dejaría a esa tonta plana de Sakura de una vez por todas. Hanabi será un rival fácil; es solo una cría con potencial, pero yo soy la heredera verdadera, superior en todo: velocidad, precisión, belleza en movimiento.
El combate comenzó bajo la mirada atenta de Hiashi, quien levantó la mano
para dar la señal. Hinata presionó desde el inicio, sus ataques Jūken fluidos y
precisos, sellando puntos de chakra con gracia y enviando ondas de presión que
obligaban a Hanabi a retroceder. Bloqueaba cada intento de contraataque de su
hermana con movimientos elegantes, girando como una bailarina mortal en el
tatami, su cabello largo ondeando con cada giro. El clan observaba asombrado,
murmurando con admiración: “¡Qué movimientos tan graciosos y hermosos!” “Hinata
se ve radiante peleando, su figura fluye con tanta elegancia, como una diosa en
batalla. Sus ojos perla brillan con determinación.”
Pensamientos de Hinata corrían triunfantes, el miedo inicial al rechazo
disipándose en la adrenalina: Por fin mis entrenamientos dieron frutos.
Cada golpe es perfecto, cada defensa impecable. Lástima que Naruto-kun no esté
aquí para verme brillar, para admirar cómo mi fuerza y belleza se combinan en
algo invencible. Él se daría cuenta de lo superior que soy.
Decidida a terminarlo rápidamente, Hinata lanzó su Puño Suave con sus
hermosas manos extendidas, los dedos alargados como pétalos en flor, el chakra
fluyendo visible como auras azuladas. Pensó que impactaría... pero Hanabi
desapareció en un borrón de velocidad impresionante. De repente, un golpe seco
y sorpresivo en sus glúteos. Hinata dio un gritito de sorpresa y dolor leve,
“¡Ah!” —un piquete que le ardió la piel y la hizo tambalear, el miedo inicial a
la humillación pinchando su confianza como una aguja.
El clan se sorprendió, algunos rieron por lo bajo: “¡Ja, qué inesperado!”
“Hinata se ve roja como un tomate, pobre, eso debió doler su orgullo.”
Hinata se avergonzó profundamente, el rostro ardiendo de rubor, el miedo a
ser vista como débil creciendo en su pecho: ¿Cómo me pilló? El pánico
sube... no puedo dejar que me humille así delante de todos. Atacó de nuevo
con furia. Falló. Otra nalgada sonora, más fuerte. “¡Plas!” El sonido resonó en
el dojo como una bofetada a su orgullo, enviando ondas de escozor que se
extendían como vergüenza ardiente. Se repitió cinco veces más: ataque fallido,
nalgada, grito de Hinata. Cada palmada era precisa, no letal, pero humillante,
dejando un escozor que se acumulaba, el miedo amplificándolo: Cada golpe me
hace sentir pequeña... el pánico me nubla la vista, mi corazón late tan rápido
que duele. ¿Y si pierdo?
Hinata, con los ojos llorosos y el corazón latiendo desbocado por el miedo
creciente a la derrota pública, gritó entre sollozos: — ¡Hanabi! ¡Por favor,
deja de hacer eso! ¡Es humillante, duele y... y me hace sentir como una niña
tonta frente a todo el clan! ¡Para, por favor!
Hanabi, con un tono burlón pero juguetón que solo aumentaba el pánico de
Hinata: —Es que eres muy lenta, hermanita. ¿No puedes seguirme? Ven, inténtalo
de nuevo.
Hinata se enojó y atacó con furia desesperada, el miedo mezclándose con
rabia. Hanabi esquivó todo con facilidad, riendo: —Lenta… lerda… lamentable…
tus movimientos son tan predecibles, nee-san. ¿Eso es todo lo que tienes? El
clan espera más de ti.
El clan rio más fuerte, el sonido ecoando en los oídos de Hinata como cuchillos, amplificando su miedo: Sus risas... me aterran. Me siento expuesta, vulnerable. Hanabi siguió acertando golpes ligeros en los glúteos, cada uno enviando ondas de escozor y vergüenza a través de Hinata. Ella jadeaba, manos en las rodillas, exhausta, el sudor mezclándose con lágrimas, el miedo a la humillación total apretando su garganta: No puedo respirar... el pánico me ahoga. ¿Cómo una niña me hace esto?
Se lanzó una vez más, pero Hanabi la miró con ojos fríos y serios, como un
predador listo para cazar. Hinata se detuvo en seco, el corazón saltando en su
pecho con terror puro. El miedo la invadió como una ola helada: respiración
brusca, manos temblando incontrolablemente, sudor frío bajando por su espalda y
empapando su uniforme. Esa mirada... es aterradora, me paraliza. ¿Qué me va
a hacer? No puedo moverme... el pánico me congela las piernas, mi mente grita
que huya.
Hanabi dijo con voz baja y seria, que solo intensificaba el terror de
Hinata: —Es hora de ser serios.
Lanzó patadas rápidas al abdomen de Hinata. Cada impacto era como un
martillo: el primero le sacó el aire de los pulmones, dejando un dolor sordo
que la hizo jadear y doblarse, el estómago contrayéndose en espasmos de náusea,
el miedo amplificando cada sensación como si su cuerpo se rompiera. El segundo
golpeó más profundo, enviando ondas de náusea que la hicieron tambalear, el
abdomen ardiendo como si la hubieran apuñalado con fuego, lágrimas rodando por
el pánico de no poder respirar. El tercero la hizo gemir alto, el dolor
irradiando a su espalda, el miedo haciendo que sus rodillas temblaran. La
última patada la mandó volando con un “Kyaaa!” de dolor agudo, cayendo de
espaldas con un thud que le sacó el aliento, el impacto reverberando en su
cuerpo como un terremoto.
Hinata se levantó temblando, el miedo latiendo en su pecho como un tambor
descontrolado. —Yo… no retrocedo.
Hanabi, con mirada fría que hacía que el terror de Hinata creciera hasta el
punto de náusea: —¿En serio? Qué bien, porque esto aún no termina.
Hinata se intimidó ante esos ojos terroríficos, el pánico total
invadiéndola: Esos ojos... me van a destruir. No puedo, tengo tanto miedo
que mi cuerpo tiembla solo. Sintió un calor repentino entre las piernas,
orinándose un poco por el miedo puro. Un charco pequeño se formó bajo ella,
ampliando la vergüenza. El clan se quedó atónito, murmurando en shock: “¡No
puede ser… la hermana mayor intimidada por la menor! Qué humillante.”
Hanabi ignoró y atacó sin piedad: patada al costado (Hinata gritó, costillas
ardientes como fuego, doblándose de dolor y miedo), golpe al hombro (brazo
entumecido, lágrimas fluyendo por el terror de no poder defenderse), palma al
estómago (náusea subiendo, vómito de bilis en la boca, el pánico haciendo que
todo doliera el doble). Hinata cayó al suelo, Hanabi continuó golpeando hasta
que varios Hyūga intervinieron y la separaron, sujetándola por los brazos
mientras Hiashi ordenaba detenerse.
Hanabi se retiró sin mirar atrás, jadeando pero victoriosa. Hinata quedó
tirada, con el charco a su lado, sollozando incontrolablemente, el miedo y la
vergüenza ahogándola como un mar.
Hiashi, frente a todos, con voz atronadora que amplificaba el terror
residual de Hinata: —¿Cómo es posible que no le ganes a tu hermana menor? Eres
una deshonra para el clan Hyūga. Cinco años mayor y aun así, humillada como una
novata patética. Levántate y reflexiona sobre tu debilidad, o no merecerás
llevar el nombre Hyūga.
Al día siguiente, Tsunade la llamó a su oficina. Hinata, aún magullada
emocionalmente y con el miedo de la noche anterior aún fresco, pensó: Seguro
es para decirme que seré la líder. Soy la mejor, el Byakugan es esencial.
¿Quién mejor que yo para guiar a esas inútiles? A pesar de todo, soy superior.
Entró formalmente, con una reverencia temblorosa. —Hokage-sama, buenos días.
¿Me llamó por la misión?
Tsunade fue directa, su expresión dura y voz cortante: —Me enteré de tu
duelo con Hanabi. Perdiste. ¿Cómo es posible que pierdas contra alguien cinco
años menor? Explícate ahora mismo.
Hinata intentó, voz temblorosa por el miedo resurgente: —P-pero Hokage-sama,
yo estaba confiada, pero Hanabi fue más rápida de lo que esperaba. Fue solo un
mal día, yo…
Tsunade gritó, su voz resonando en la oficina como un trueno: — ¡Cállate! No
quiero excusas ni justificaciones. ¡Eres una chūnin de Konoha, no una niña
jugando!
Sus ojos furiosos, como llamas devoradoras, hicieron que Hinata lagrimeara,
el miedo subiendo como una marea helada que le cortaba la respiración: Esos
ojos... son como los de Hanabi, terroríficos. Me va a destruir verbalmente, o
peor... el pánico me nubla, mi estómago se retuerce.
Tsunade se acercó amenazante, su presencia imponente llenando la habitación,
y golpeó la pared junto a la cabeza de Hinata, agrietándola con un crujido
ensordecedor que hizo eco en sus oídos. El impacto resonó en el cuerpo de
Hinata, el miedo paralizándola completamente: El golpe... tan cerca. ¿Y si
era para mí? No puedo moverme, el terror me congela, mi corazón explota.
Sintió un calor repentino, mojándose un poco los pantalones de puro terror.
Tsunade: —Si no fueras Hyūga ya te habría degradado a genin por patética y débil. Esta misión es tu última oportunidad. Si fallas, vuelves a genin de inmediato. Y ve a cambiarte, hueles mal. Desaparece de mi vista antes de que me arrepienta.
Hinata salió humillada, lágrimas rodando incontrolables. Pensamientos: Tsunade
es injusta… ¿por qué me trata así? Solo porque perdí una vez… no es justo. Soy
mejor que esto, mejor que Sakura, mejor que todas. ¿Por qué todos me ven como
débil? El miedo me persigue, pero no lo merezco.
En casa se cambió rápidamente, el olor a vergüenza aún en su nariz y el
miedo residual haciendo que sus manos temblaran, y se reunió con Sakura e Ino
en la puerta norte.
Hinata, forzando amabilidad a pesar del pánico interno: —B-buenos días,
Sakura-san, Ino-san. Creo que yo debería ser la líder, por el Byakugan y mi
experiencia en escaneo. Sería lo lógico, ¿no?
Sakura la interrumpió con una sonrisa firme pero amable: —Tsunade ya me dijo
que yo seré la líder. Ella confía en mí para coordinar el equipo y tomar
decisiones rápidas.
Ino afirmó, riendo con complicidad: —Odio admitirlo, pero sí. Sakura es la
líder. Haré lo que me ordenes, líder Sakura. Vamos, jefa, ¿qué plan tienes para
hoy? ¿Yo rastrea con sellos mentales, tú golpea si hay problemas, Hinata ve con
Byakugan? Suena sólido.
Sakura e Ino charlaron animadas, ignorando el silencio de Hinata: —Exacto,
Ino. Tú tomas el flanco este con tus sellos; si ves un vigía, transfiérete y
obtén intel, pero avísanos mentalmente primero para coordinar. Hinata, quédate
en el oeste escaneando constantemente; si ves algo sospechoso, detente y
señálalo con una señal sutil. Yo centro, cubriendo cualquier brecha y lista
para crear una barrera si nos atacan. Si todo sale bien, volvemos antes del
anochecer. —Perfecto, jefa. Esto será fácil contigo al mando. Tsunade sabe lo
que hace; eres su discípula estrella por algo. Recuerda esa misión en la
frontera donde salvaste al equipo con un solo puñetazo? Eres legendaria.
—Gracias, Ino. Vamos a mostrar que las kunoichi de Konoha somos imparables.
Juntas, nadie nos detiene.
Hinata apretó los dientes sin darse cuenta, el enojo bullendo como lava, el
miedo a más humillación mezclándose: Solo porque Sakura es la discípula
favorita de esa estúpida de Tsunade… Tsunade es una imbécil por ponerla a ella.
Yo soy la mejor, la más fuerte. ¿Por qué me humillan así? El pánico de fallar
de nuevo me asfixia.
Sakura notó el gesto, preocupada: —Hinata, ¿pasa algo? Pareces tensa, como
si algo te molestara. ¿Es por la misión o el liderazgo? Si quieres hablar,
estamos aquí.
Ino: —Sí, ¿estás bien? Si es por el liderazgo, no te preocupes; Sakura es
genial en eso. ¿Quieres que ajustemos el plan para que te sientas más cómoda?
Hinata rápidamente, forzando una sonrisa: —N-no, nada. Estoy lista. Vamos.
En la misión, avanzaron por los bosques densos: Ino colocaba sellos de
rastreo en árboles y rocas, enviando pulsos mentales sutiles para detectar
presencias ocultas. Sakura cubría el perímetro, rompiendo ramas para crear
caminos silenciosos y vigilando trampas con su fuerza controlada. Hinata
escaneaba con Byakugan, detectando flujos de chakra lejanos y guiando al grupo
para evitar patrullas. El miedo de Hinata a fallar la acechaba: Si fallo
aquí, Tsunade me degradará. El pánico me hace dudar de cada escaneo.
—Allí… la base está bajo esa colina, camuflada con genjutsu. Hay unos 10
chakra activos dentro.
Sakura: —Buen trabajo, Hinata. Hora de retirarnos y reportar a Tsunade.
Ino bromeó: —Qué lástima, quería acción. Al menos un poco de pelea para practicar.
De repente, ninjas renegados los rodearon, surgiendo de las sombras con
kunais listos y miradas hostiles. Hinata atacó primero, el miedo mezclado con
determinación: —Yo me encargo. Ellas solo estorbarían.
Despertó con Ino a su lado, vendándole la cabeza con cuidado. —Hinata,
¡despierta! Sakura venció a la mayoría de esos bastardos con sus puñetazos
cargados de chakra; rompió sus defensas como si fueran papel, uno tras otro,
usando barreras de tierra para protegernos. Pero el líder era fuerte: la golpeó
con un genjutsu rápido y la secuestró antes de que pudiera reaccionar. Estamos
solas ahora. Yo intenté transferirme mentalmente a su mente para romperlo, pero
me bloqueó con un sello avanzado. ¿Puedes levantarte? Tu Byakugan podría
ayudarnos a rastrearla.
Hinata, pensamientos en caos y miedo creciente: No puede ser… Sakura
secuestrada… ¿y yo aquí tirada como una inútil? Pensé que era la más fuerte…
¿cómo fallé tan rápido? El pánico me invade, ¿y si no la encontramos? Es
humillante… soy patética.
Hinata, voz patética y temblorosa, el miedo haciendo que su voz se quiebre:
—Solo quiero ir a casa… tengo miedo, Ino-san. Esto se salió de control… no
puedo más. ¿Y si nos matan? Mi corazón late tan fuerte que duele.
Ino: —Tranquila, Hinata. Respira profundo. Sakura es dura; volverá. Vamos a
planear un rescate. Tu Byakugan nos ayudará a encontrar su chakra. No estás
sola; juntas lo resolvemos.
Horas después, Sakura regresó tambaleante pero con ojos extraños, vidriosos.
Hinata se alivió, el miedo disipándose momentáneamente: ¡Está viva! Gracias
a los dioses.
Ino corrió hacia ella: — ¡Sakura! ¡Te tenía muy preocupada! ¿Estás bien?
¿Cómo escapaste? ¿Te lastimaron? Cuéntanos todo, jefa.




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